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Deportación

Imagina que ves a tu alrededor y tu vista nublada no distingue más que una pared amarillenta, en realidad una pared incolora cubierta por la obscuridad y de vez en cuando pobremente iluminada por una lámpara blanca. No estás seguro de como llegaste ahí, y realmente te preguntas cómo es que te encuentras perdido en esa larga fila de personas.
Estás parado ahí detrás de alguien que no conoces, adelante de alguien que no conoces, sabes que hay cientos de personas tras de ti pero te sientes como el último. Ese piso por el que caminas se torna tu único espacio vital desapareciendo los recuerdos de los árboles, de los campos por los que alguna vez corriste, de la ciudad que alguna vez transitaste... eso ya no existe más la pregunta que recurre a tu mente ante la soledad de lo que contemplas y se repite una y otra vez transformando tu cabeza en una maraña de confusión es ¿Realmente existió "mi" mundo? No lo sabes porque el pasado no existe, pero el presente te hace pensar que toda esa felicidad anterior, los sentimentos, los colores, fueron algo que imaginaste, nunca la viviste.
Por alguna razón ya no se sientes más esperanzas en el futuro tampoco, solo puedes imaginar lo que hay algunos segundos adelante, y tú no eres el único, porque todas esas caras desconocidas de inmigrantes que ante tu percepción carecen de alma o felicidad y lo único que poseen es tristeza e inmundicia también ha perdido las fé, las ilusiones, el todo.
Sabes que todos ellos vienen de lugares parecidos a "tu patria", quizá de "tu patria" misma;  si es que alguna vez existió algo parecido, porque ahora, que solamente existe esa plataforma delgada donde a un lado hay vacío, y al otro también y en el centro están tus pasos y tus preguntas ¿Cómo puede ser la pared tan larga que se pierda en el infinito hasta el inframundo?
La verdad es que sientes miedo, mucho miedo, no sabes que terribles cosas sucederán al llegar adelante, muy posiblemente serás golpeado hasta morir y si eres mujer algo peor... sientes miedo, ves a los guardias maltratando a las personas, pero sabes que después de pasar el umbral lo peor no son los guardias si no los que ya pasaron del otro lado.
De repente la luz blanca ilumina tu cara, y sorprendentemente ves tu cara pálida, lánguida, blanca... Pero tú mismo la puedes ver, cómo si estuvieras parado frente a ti mismo y fueras alguien más; como si tuvieras un espejo, o es más bien que tu alma te observa de frente porque se te ha escapado del cuerpo, porque quieres huir y tu ser físico casi petrificado, solamente mueve los pies para avanzar un paso esperando tu llegada al umbral, está ahí tan muerto, tan sin vida, que parece que estás viendo a una versión más envejecida de ti... Una versión que siente mucha sed, mucha hambre, y mucho dolor... No dolor físico, un dolor en su interior.
¿De dónde viene el dolor? El dolor viene de pensar en que ninguna de esas decenas de caras que repetidas que se forman en la fila entre el abismo son familiares, ni si quiera son amigos, sabes que son de tu misma raza, sabes que son de un país como el tuyo, sabes que son expatriados "a voluntad", pero no sientes ninguna identificación con ellos. Todos van buscando un mejor futuro que no fueron capaces de forjar cuando la tierra era hermosa, y que no serán capaces de forjar en ningún lado porque ya no existen tierras hermosas.
Estabas perdido entre tus pensamientos y te das cuenta que al fin vas a cruzar el umbral, se ilumina un poco y comienzas a oir música clásica... tal vez está dentro de tus oídos, tal vez está en el entorno y no entiendes como, pero la oyes y es la música más triste que has oído jamás. Aunque la melodía te es familiar, jamás esas cuerdas de violín habían sido usadas para estrangular tu corazón y sientes como si lo estrujaran, te las imaginas apretando el músculo cardiaco que poco a poco va dejando de latir y empieza a sangrar cuando las cuerdas se entierran en él... Todo tu torrente de sangre se detiene, se desvanece, se te escurre del cuerpo... no solamente lo sientes sino que lo ves.. y te ves al rostro desde tu lugar etéreo y te das cuenta que te has vuelto transparente y sin vida.
Cuando regresas de tus pensamientos, ya te encuentras frente a los guardias y ellos comienzan a registrarte violentamente; sientes vergüenza porque no tienen medida de decencia alguna, y tú sientes asco, repugnancia; tu nunca se enfría... tu cuerpo se empieza a paralizar sintiendo un hormigueo desde tu cabeza que baja por la espalda y no importa si llega a las piernas porque ya ni siquiera la sientes, lo único que sientes es soledad, y aunque has sido despojado de tus ropas ya ni el frío lo puedes sentir... ¿Qué va a pasar cuando cruces el umbral?
Sigues avanzando un poco más y de repente los abismos a tu alrededor desaparecen, te encuentras en un cuarto aun más oscuro, que huele a sudor y orin que se confunden; la gente a tu alrededor te mira, las miradas del género masculino te hacen sentir repugnancia y las vistas del género femenino son ajenas, como si sus portadoras quisieran matarte.
Al fondo de la habitación puedes ver la puerta iluminada, pero su luz no representa esperanza sino "nada", sólo "nada", te has dado cuenta que estás frente al umbral, y entonces la luz debería ser tan intensa que te lastimara la vista, pero tu te sigues sintiendo profundamente dentro de la oscuridad, como si esa puerta solo fuera una pintura.
De repente el chillido de una mujer te desaturde los oídos, oyes los murmullos de la gente, te das cuenta que ella viene hacia ti con un niño en brazos; sientes que las personas se te acercan y solo tratas de avanzar, como si alguno de ellos te fuera a comer, porque en medio de un mundo de hambre y semanas sin comer podrían comerte en vida. Lo único que piensas es en alejarte lo más pronto posible de ahí.
Entonces, la mujer se acerca y te entrega en los brazos al niño de cuyo vientre sale sangre; el pequeño está cubierto en vendas, lo ves con sorpresa, te tiemblan las manos. Por fin dentro de ese mundo sin lenguaje alguien dicen una palabra en español, pero con un acento diferente al tuyo... es la mujer quien habla y te dice: "Por favor, lleve a mi hijo a cruzar el umbral, todos aquí vamos a morir pero el es tan pequeño, está enfermo, no puedo tenerlo aquí... por favor". 
Miras al niño ya en tus brazos, te parece todo débil, sientes lástima por esa pequeña criatura destrozada que "no puede defenderse"; hueles su sangre hirviente y ese hedor se queda agazapado en tu nariz hasta que el aliento te sabe a sangre. Tienes miedo a cargar al niño entre tus brazos pues es prácticamente un ser sin vida, tienes miedo a cargar a la muerte pero por alguna razón te sientes tan paralizado que te limitas a seguir adelante con tus pasos descalzos y sin fuerza y el niño en brazos; ni si quiera puedes contestar con palabras, pero tu mirada se cruza con la mirada humana de la madre... la única.
Caminas un poco más, vas a cruzar la puerta, cierras los ojos y la música se oye más fuerte dentro de tu cabeza; las cuerdas del violín te quiebran finalmente y te ves a ti mismo, ahí enfrente: pálido, sin esperanza con los ojos cerrados, con unas lágrimas extraviadas saliendo de tus ojos, con el niño en brazos, la sangre escurriendo de sus vísceras, el hedor, los murmullos... Cruzas el umbral...

*****
En mi blog he escrito sobre muchos sueños y normalmente no me gusta comentar que la inspiración para el cuento es un sueño o algo de la realidad, para que los que leen puedan experimentar por sí mismos las sensaciones y sacar una conclusión. Sin embargo de este sueño en particular me gustaría comentar que elegí el título de Deportación, porque aunque el contexto del sueño era totalmente falto de claridad para mí, en la mañana, al despertar me puse a pensar en como las sensaciones fueron muy profundas, incluyendo la música que se oía de fondo. Y distinto a como lo hago siempre, no traté de pensar cual era el contexto de mi sueño en mi subconsciente sino más bien me puse a pensar que las personas que estaban a mi alrededor parecían ser inmigrantes centro-americanos, y yo me sentía parte de ellos. Entonces no pude evitar pensar en todo lo que puede sentir una persona en una experiencia como la de ellos, ni tampoco pude evitar pensar en los campos de concentración Nazis y en otras tantas injusticias y genocidios que se cometen dentro de las guerras, creo que me sentí como en una película de guerra. 
Insisto, no es una experiencia real, y yo afortunadamente desconozco como se siente una persona en esas situaciones, pero me gustaría dedicar este cuento a todas las personas que han experimentado por situaciones de inmigración. En especial a mis amigos que están "del otro lado".

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